No te voy a cuidar, no te echo de menos y no te quiero.
Tenían veinte años y estaban locos: Antonio J. Rodríguez
Ésta es la mierda. Corre una tarde aún medioveraniega de octubre, y a modo de diadema se sirve de unos ajustados auriculares dentro de los cuales Lauryn Hill está aullando con su afromegáfono: «Es divertido cómo el dinero cambia las situaciones», y etcétera. Junto al MACBA, Mahad-Yazdán, de 19…
Tengamos el sexo en paz.
Mi madre.
Me hubiera gustado hablar de ello, que me explicaran ciertas cosas…pero ¿con quién?
La persona indicada hubiera sido mi madre, pero no había confianza entre nosotras, Mi madre venía de una familia rica…en dignidad y prejuicios.
Mi madre es una buenísima persona, católica, ferviente, practicante e incluso…votante, que con sus hijas jamás habló de sexo. Para mi madre éramos como las muñecas…terminábamos aquí. -Indica la cintura-
Para ella, decir sexo era decir obscenidad.
Una muestra: al culo le llamaba “pompis”…y a lo de delante, “pompis de delante”. Curioso ¿Verdad?
A veces cuando yo estaba haciendo los deberes…yo era una niña buenísima, estudiosa…mi madre llegaba de improviso, con esa cara que ponen las madres en los momentos importantes, y me decía con una voz , pero una voz…que parecía la de Dios:
“¡Ten cuidado, hija! ¡Los hombres solo quieren una cosa!”
Nunca me dijo cuál.
Mi madre no me preparó para la vida. Las únicas cosas de sexo las supe por una amiga muy revoltosa, doce años…Hacía algún tiempo que no la veía, y me dice:
“-Qué cansada estoy…
-¿Por qué estás cansada, qué has hecho?
-El amor…
¿El amor? -Yo no sabía que era- ¿Con quién?
-Con mi primito de diez años…¡menudo inútil!
-¿Y qué habéis hecho?
-Pues como no sabíamos de esas cosas, sólo que los niños nacen por la tripa…él con su cosa empujaba, empujaba…¡No veas cómo tengo el ombligo!”
Entre mi madre. “¡Te cuidado!” y el ombligo inflamado, yo estaba muerta de pánico. Si se me acercaba algún chico le tiraba piedras:
”-¡Vete, vete! ¡Jamás lo conseguirás!
-¿El qué?
-¡No lo sé!”
Después, en el bachillerato, los chicos, impetuosos, salidos…se me echaban encima, me abrazaban, me estrujaban…
Luego trataban de besarme.
No sé vosotras, pero yo, de mi primer beso guardo un recuerdo espantoso.
Él me agarra…y, zas, me estampa contra la pared…¡un trastazo de conmoción cerebral! Después, con esas 24 manos que tienen los chicos, me quería manosear todo el cuerpo…y luego, con la lengua…blall…en el cuello…y blall, en la oreja…
“¡Para” Pareces una batidora con esa lengua…qué frío, qué asco…¡Estate quieto!”
Y después ¿No quería meterme la lengua en la boca?
¿A mi? ¿Que soy vegetariana?
“Quita esa lengua que te la arranco y se la tiro al gato”, decía yo, siempre con las manos tapándome el ombligo.
Otra cosa que no entendía era que: ¡ZAS!, me estampaba contra la pared, luego (repite los movimientos anteriores) Blall, blall…blall…y empujaba su pubis contra el mío, con una fuerza tremenda…Yo pensaba:
“Pero…¿qué llevará en los calzoncillos?”
Os diré la verdad; ¡por culpa de mi madre, cuánto tiempo he perdido!
Pero más tarde, una de mis tías, de izquierdas, solterona…no porque fuera de izquierdas…maestra, y mucho más abierta que mi madre, decidió culturizar sexualmente a sus sobrinitas, y un día nos reúne en la cocina, alrededor de una mesa grande…éramos niñas de 12, 13 años…y nos enseña un libro científico, de anatomía, y, en particular, la imagen de un sexo femenino en sección, coloreado según las partes en tonos suaves…que me pareció un mapa…y cuando la tía preguntó: “Niñas, ¿sabéis qué es esto?”, yo: “¡Sí, tía, es Florida!, no sé porqué…
¡Qué mal le sentó! “No, boba, esto no es Florida…¡es tu pompis de delante!”
Me quedé tan impresionada, que desde aquel día mi pompis de delante siempre lo he llamado Florida…y al de detrás, California.

